Sobre petróleo y renovables PDF Imprimir E-mail
15 Agosto 2004

La leyenda negra de las energías renovables no puede seguir siendo su precio. Y mucho menos si se compara constantemente con el de las convencionales, mientras éstas no recojan todos sus costes. Insistir en ello puede provocar que no consigamos nada en la lucha contra el cambio climático.

 

La retribución de las energías renovables
recoge todos sus costes, mientras
que las otras energías lo externalizan
en gran medida. Ahí están los
costes ambientales, las subvenciones
y ayudas, o los coste de transición a la
competencia, etc. De este modo, el sobrecoste
que tienen las renovables es sin duda
una aportación importante al equilibrio económico
y sostenible de nuestra comunidad
(emisiones, importaciones de crudo, etc,
con su correspondiente evitado), que las
convencionales superan con creces.
Futuribles sobre el precio del petróleo
Los últimos vaivenes de los precios del petróleo
han vuelto a suscitar un singular interés
por las tecnologías renovables. No obstante
respecto a las reservas y disponibilidad
del crudo, es digno de resaltar que desde
1986, excepto en 1991, se ha extraído más
petróleo del que se ha descubierto. En la actualidad por cada barril de crudo descubierto se consumen cuatro, estamos por tanto ante el fin de la era del petróleo “barato”. En los últimos meses se ha alcanzado el precio más alto en los últimos 13 años, en torno a 40 dólares (el 11 de octubre de 1990 llegó a 41,9 dólares) aunque es verdad que, de nuevo, ha vuelto a bajar. La crisis de disponibilidad estable del crudo estallará antes de su posible agotamiento; diversas fuentes hablan  de una horquilla de 30 años, entre 2008 y 2038, donde se alcanzará el cenit de producción, que será el momento en que la extracción
de crudo sea cada vez más compleja, desde el punto de vista financiero y tecnológico.
Por lo tanto, no sólo los problemas geoestratégicos que se generen en cada uno de los territorios de explotación serán clave para disponer del crudo, sino también otras cuestiones íntimamente relacionadas con las formulas de disponibilidad y su tratamiento financiero. Sobre todo si tenemos en cuenta que el incremento de la demanda prevista por el Departamento de Energía de EEUU hasta 2025 sobrepa el 56%. La última reunión de la OPEP, que representa sólo el 40% de la producción mundial, ha tenido un único
objetivo: contener el precio del barril de crudo, que había subido un 35% en seis meses, además de otros intereses que se escapan a nuestra reflexión y que tienen un calado más político y geoestratégico.
Baja la oferta, crece la demanda
Estas subidas están provocadas, no sólo por la escasa oferta, sino también por un gran aumento de la demanda, inducido por el incremento incesante en países en plena eclosión, como China o India. Pero, si tenemos en cuenta la inflación, realmente el precio no es más alto que el mantenido desde la guerra Irán-Irak a principios de los 80. Por otro lado, aumenta la eficiencia energética e incluso en algunos países se reduce el consumo, y junto a la depreciación del dólar respecto al euro, la situación no es tan sobradamente inquietante como generalmente se pretende inducir.
Pero fijémonos ahora en la articulación de un sistema fiscal que utiliza los impuestos especiales sobre los hidrocarburos para el consumo como un medio de recaudación anual de más de 13.000 millones de euros.
Si tenemos en cuenta que las gasolinas se han encarecido una media de 0,112 euros/litro, un 14,2% desde el pasado enero, esta subida de los carburantes generará unos ingresos extras de casi 180 millones de euros, incluido el IVA. El otro impuesto que se les aplica es fijo, el de hidrocarburos. En la actualidad cerca del 55,5% del precio del combustible son impuestos. Esta situación no contribuye a un crecimiento sostenible sobre todo si una economía como la nuestra se sustenta sobre unas columnas tan débiles y manipulables como son las que se derivan de la fluctuación del precio del crudo. Habrá que repensar las estrategias fiscales puestas sobre la mesa en los últimos años y apostar por nuevas tecnologías energéticas, aplicadas a la movilidad y a la edificación sostenible, que mejoren el rendimiento y optimicen
los consumos.
Y todo ello, aderezado con el cumplimiento de los compromiso de Kioto. El Plan Nacional de Asignación de Emisiones deberá fijar a cada planta industrial un límite de contaminación para el periodo 2005-2007.
Las empresas que superen dicho límite tendrán que comprar en el mercado los derechos de emisión que les permitan mantener su nivel de producción. Todo ello generará, según un informe del Consejo Mundial de la
Energía, un incremento del precio del crudo de hasta 20 dólares, lo que inducirá a apostar por las energías renovables y por la eficiencia energética. No obstante, las administraciones más avanzadas están reaccionando y preparándose para nuevos tiempos, introduciendo bonificaciones fiscales para vehículos híbridos (cuya patente tecnológica la poseen pocas marcas) e impulsando el uso del etanol, certificación de
edificios, etc.
Enrique Belloso es profesor de Derecho Administrativo de la Universidad
Pablo de Olavide de Sevilla. Es también director de la Agencia de la Energía
del Ayuntamiento de Sevilla y secretario de la Asociación Española de
Agencias para la Gestión de la Energía, EnerAgen.