Los buitres pueden evitar la emisión de casi 200.000 toneladas de CO2 al año PDF Imprimir E-mail
25 Septiembre 2010

Los buitres pueden evitar la emisión de casi 200.000 toneladas de CO2 al año

Las rapaces necrófagas, al alimentarse de cadáveres, pueden evitar cada año que miles de animales muertos sean incinerados, lo que evitaría a su vez que 193.000 toneladas de CO2 –las exhaladas por las chimeneas de las incineradoras– acaben en la atmósfera. Lo dice Bernardo Robles, presidente de la ONG ecologista Caralluma, que asegura que esas incineraciones implican además "un alto coste energético y económico".

El presidente de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza Caralluma, Bernardo Robles, ha criticado duramente –en entrevista concedida a EFE– "la imposibilidad del reciclaje natural de estos nutrientes [los animales muertos] por parte de la fauna salvaje". Robles, que trabaja con rapaces necrófagas desde 1988, asegura que la incineración de esos cadáveres consume una cantidad de energía equivalente a la producida por la central nuclear de Cofrentes durante 21 días a pleno rendimiento o a la que necesitaría la iluminación de 780.000 hogares, según informa EFE. España genera cada año 380.000 toneladas de carroñas (unas 150.000 correspondrían a rumiantes: cabras y ovejas).

De ahí la importancia, según este naturalista, de la contribución que pueden realizar los buitres al problema del tratamiento de carroñas generado por las explotaciones ganaderas. Un buitre adulto en libertad consume alrededor de tres kilos de carne por semana y se estima que toda la población española de estas aves consume unas 10.000 toneladas. Como consecuencia de la crisis de las vacas locas, se aprobaron distintas normativas europeas y nacionales según las cuales el ganadero está obligado a comunicar la muerte de sus animales -ya que pasaron a considerarse material específico de riesgo- y quemarlos, prohibiéndose su abandono en el campo.

Según Robles, "esto ha supuesto un desastre, pues los buitres dependen ahora de unas fuentes de alimentación mucho menos abundantes, como la caza o los comederos artificiales". En este contexto, Robles reclama la introducción de cambios en el actual modelo de gestión que ofrece la administración para la alimentación de las aves carroñeras. Hoy, el ganadero abona una cuantía por cabeza de ganado para sufragar la recogida y tratamiento del cadáver: "nosotros abogamos por una nueva línea de seguros a la que pueda acogerse sobre todo la ganadería extensiva tradicional (y restringida a las áreas de campeo de los buitres), de modo que se beneficien de la actividad de las aves". Por último, Robles califica de "surrealista" el que una oveja viva de 45 kilos tenga un precio mayorista de 23 euros, mientras que su destrucción oscila entre los 30 y los 40 euros: "en otras palabras, es más cara una oveja muerta que viva".

Los buitres pueden evitar la emisión de casi 200.000 toneladas de CO2 al año